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miércoles, 16 de diciembre de 2020

El cruce de argumentos legislativos y morales entre derecha e izquierda sobre la educación y su rol; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Una de esas hipocresías burguesas es la creencia de que la escuela puede mantenerse al margen de la política. Ustedes saben muy bien qué falso es esto. La burguesía misma, que defendía ese principio, hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de reducir incluso toda la educación, de arriba abajo, a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de esclavos e instrumentos del capital. Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana. Hoy resulta claro para todos que todo esto sólo pueden realizarlo las escuelas socialistas, que tienen vínculos indisolubles con todos los trabajadores y explotados y apoyan de todo corazón la política soviética». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el IIº Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas, 1919)

¿Tiene la educación una carga ideológica? La pregunta es hasta un atentado a la inteligencia. 

Ya en el siglo XIX, el jesuita Ramón Ruiz reconocía que la educación era la formación de cada nueva generación en unos valores determinados, instrucción con clara vocación doctrinal:
 
«Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consciente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios». (Esteban Mira Caballos; De la Formación del espíritu nacional a la Educación para la ciudadanía: Un estudio comparado, 2017)

El liberal-krausista Giner de los Ríos fue un claro opositor de los métodos de estudio anticuados de la Iglesia que condenaba al alumnado:

«Por necesidad constreñida a oír pasivamente una lección, o alternar en un interrogatorio de memoria». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Eso no le impedía reconocer también que no podía darse una formación meramente técnica:

«La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombres útiles al servicio de la Humanidad y de la patria. Para esto, no desdeña una sola ocasión de intimar con sus alumnos». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Por tanto, nadie salvo un iluso o un demagogo declarará que la educación se da o se puede dar sin cargas morales-ideológicas, ya que consciente o inconscientemente ella siempre ha estado y siempre estará presente en el ámbito educativo. La cuestión no es, pues, debatir si eso existe, sino de qué tipo se desea implementar. El resto es palabrería.

Poco antes de la pandemia del COVID-19, hubo mucho ruido con la cuestión del «pin parental» en la educación, y este debate saltó a la palestra una vez más. Medios de comunicación se preguntaban: «¿Es la educación actual independiente del sesgo doctrinal? ¿Puede serlo con un gobierno diferente?». Nosotros podríamos continuar con este apartado exponiendo con todo lujo de detalles el cruce de argumentos jurídicos de uno y otro bando burgués sobre la polémica producida durante los meses anteriores, pero sería una pérdida de tiempo para arrojar luz sobre la cuestión educativa. Por lo tanto, en este apartado abarcaremos esta cuestión de forma somera, incidiendo únicamente en lo necesario para revelar el cinismo de los políticos burgueses. Y es que hoy, la derecha burguesa asume sin complejos las posiciones educativas de la vieja «izquierda» burguesa de los años 70, mientras la nueva «izquierda» se acoge a la defensa de los principios de la vieja derecha.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Sobre la teoría feminista de la paridad; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Vale decir que la teoría de la «paridad», abanderada por diversas ramas del feminismo, promueve un equilibrio obligado en el número de hombres y mujeres en temas como puestos de poder, lo cual supone una «discriminación positiva» bajo la excusa de que así es como se resolverá la desigualdad entre el hombre y la mujer en la participación en la política, la incorporación al tejido productivo o el acceso a la cultura. Pero las leyes de paridad solo son una muestra de caridad de la burguesía hacia la mujer que quedan muy bien de cara a la galería, igual que ocurre cuando la burguesía agita la bandera y el espíritu de la beneficencia hacia los pobres, pero no resuelve nada, pues es un parche, una solución superficial que deja intacto el problema que origina la desigualdad de la mujer en ciertas ocasiones.

Colocar sin más a una mujer en un cargo por el mero hecho de ser mujer es un acto que puede suponer que dicho elemento finalmente desempeñe de forma correcta y hasta notablemente su función en el cargo, pero ello no borrará el hecho de que en el momento de su selección se puso por delante su sexo en detrimento de su habilidad. Por otro lado, en esta situación también puede darse el caso de que se ponga en un aprieto a un sujeto femenino no cualificado, abriendo la posibilidad a un mal desempeño, que será producido no porque la mujer sea una inútil, sino porque simplemente no estaba preparada, porque en este caso el motivo sexual fue el requisito principal para su selección, siendo su formación requerida un aspecto de segundo orden. Esto supone, además, denegar el acceso a otra persona más cualificada solo por el hecho de tener otro sexo, discriminación que aleja a los sistemas democrático-burgueses de la tan cacareada «meritocracia» que dicen que es signo de «salud democrática». Lo mismo cabe decir sobre el delegar puestos en favor de una «visibilización del movimiento LGTB» o en favor de la «racialización» de los puestos administrativos o políticos, cuestiones tan de moda hoy.

domingo, 7 de junio de 2020

El vergonzoso papel del reformismo en la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Tampoco haría falta detallar mucho cual ha sido el papel jugado por las otras organizaciones reformistas en los últimos años, pero citaremos algunos casos paradigmáticos:

«El PCE vuelve a plantear que un problema político qué lleva años enquistado no puede tener otra salida que el acuerdo negociado, consensuado y refrendado por el pueblo catalán. Por ello, la actual situación de confrontación sin perspectiva de solución tiene que terminar de manera que se respete el derecho de manifestación pacífica y de expresión de una parte considerable del pueblo de Cataluña y desaparezcan las actuaciones desestabilizadoras, a la vez que debe imponerse una respuesta política democrática que abra la puerta al diálogo y a la negociación. Nada de ello será posible si no vuelve la normalidad a las calles y plazas de las ciudades catalanas, evitando que la actual anormalidad pueda beneficiar claramente a las opciones políticas de la derecha en toda España en las próximas elecciones generales». (Partido Comunista de España; Comunicado, 20 de octubre de 2019)

Ángeles Maestre, pese a ser militante de una pequeña organización ecléctica, resume perfectamente el papel jugado por IU/PCE en su artículo publicado en «El Público»:

«Están contando con el impagable, o no, apoyo de Alberto Garzón, coordinador de IU y Paco Frutos, ex secretario general del PCE, reeditando el papel de apagafuegos desempeñado por ambas organizaciones desde la Transición ante situaciones que dificultaran el control por parte de las clases dominantes. Esa función fue perfectamente identificada, ni más ni menos que por un editorial de ABC que reflexionaba sobre los peligros de desaparición de IU tras su fracaso electoral en 2004. Reconocía perfectamente este diario sus intereses de clase y decía así: «El paisaje democrático español ofrece históricamente un espacio claro a la izquierda del PSOE, donde debe asentarse una formación que refuerce la centralidad política de la socialdemocracia y al tiempo sirva como dique de contención para las tentaciones antisistema. IU ha ejercido, desde su refundación a partir del viejo PCE, como factor de estabilidad que ha cargado a sus espaldas con los distintos impulsos de izquierda alternativa que se han ido configurando tras la crisis del marxismo tradicional, evitando que se produzcan tentaciones escapistas y rupturistas al margen de los cauces de la democracia. (ABC; IU bajo mínimos, 17 de marzo de 2004). La obsesión de las clases dominantes, desde Franco hasta ahora, es tratar de evitar que la clase obrera vuelva a descubrir la íntima vinculación en el Estado de español entre la lucha contra la explotación y la de los pueblos por sus derechos nacionales. (...) Las declaraciones de Cayo Lara, ex coordinador general de IU negando el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro «unilateralmente porque forma parte del Estado y el resto de españoles también tienen que opinar» son de una indigencia política que provoca vergüenza ajena. (...) El alineamiento de Alberto Garzón con el nunca nombrado nacionalismo español ha llegado a cotas muy altas, como cuando calificaba de «provocación» –¿a quién?– la declaración de independencia o como cuando, desde posiciones comunistas (?), descalificaba el referéndum por «ilegal» o la DUI por «carecer de valor jurídico». Es tan evidente que esas declaraciones podrían haber salido del PP o del PSOE y al tiempo el llamamiento al respeto al orden establecido es tan incompatible con posiciones mínimamente revolucionarias que ni siquiera me detengo a comentarlas. (...) Ante una reivindicación estrictamente democrática como ésta, que la hegemonice o no la burguesía no es argumento para que las organizaciones de la clase obrera no la respalden». (Ángeles Maestro; Los comunistas ante el agujero negro del nacionalismo español, 15 de noviembre de 2017)

Este tipo de cosas no nos sorprenden ni son nuevas, ya que Paco Frutos, el ex líder del PCE durante 1998-2009, mantuvo esta línea. Ahora este señor se dedica a escribir los prólogos de las obras de los principales adalides del chovinismo español como Santiago Armesilla, otro viejo militante del PCE. Ahora ambos imparten conferencias sobre cuestión nacional donde rezuman chovinismo a raudales. Son aquellos elementos que aplaudieron la intervención de los cuerpos de seguridad durante el 1 de octubre de 2017. Véase el capítulo: «El viejo socialchovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno».

Son de ese tipo de elementos que prefieren «Una España unida y reaccionaria», que una «España roja y rota», dejando claro que prima en ellos su nacionalismo por encima de todo. ¡Pero luego piden respeto y no quieren ser confundidos con la derecha y niegan ser la versión española de los «nacional-bolcheviques»!

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

domingo, 19 de enero de 2020

¿Un gobierno PSOE-Podemos satisface los problemas de los trabajadores? ¿Es el socialdemocratismo un aliado fiable en la lucha contra el fascismo?


«a) ¿Cómo resumiríamos el pensamiento socialdemócrata?:

«En el plano interno:

(a) renunciaban tanto al leninismo como al marxismo oficialmente, declarando a ambos como obsoletos e inservibles, optaban por el socialdemocratismo reformista concretizado de los últimos años; (b) fijaban como base central de su pensamiento la «armonía entre clases» en detrimento de la lucha de clases marxista-leninista; (c) negaban la necesidad de la revolución apostando por reformas; dicho de otro modo, renunciaban a la toma del poder a través de la revolución violenta en favor de la vía pacífica a través del parlamento burgués, negando que la violencia revolucionaria de las clases explotadas contra las clases explotadoras sea una evidencia histórica; (d) creían que el Estado no es la herramienta de una clase determinada para imponer su dictadura, sino que es una herramienta para «mitigar las contradicciones entre las clases sociales y armonizarlas», creían que no era necesario derribar y destruir el viejo aparato del Estado burgués para llegar al socialismo, sino que defendían que el aparto del Estado burgués y la democracia burguesa era la democracia de todas las clases sociales y podía dar el socialismo al proletariado aprovechando el sistema parlamentarista burgués, a diferencia del concepto marxista-leninista de que la democracia burguesa es expresión de la dictadura de una clase determinada, la burguesía, y que no existe pues democracia para todos, ni existen medios a través de sus instituciones para transitar al socialismo, debido a que mantiene su poder económico y tal estructura de Estado responde además a salvaguardarlo, por tanto es necesario derribarlo a través de la toma del poder político, crear el nuevo poder de las masas populares; los soviets, y acabar con el poder económico de las clases explotadoras, para que el proletariado ejerza su dictadura, su democracia de clase en alianza con las masas populares; e) pensaban que nacionalizando ciertas empresas, creando una «economía mixta», se podría crear una cierta planificación, «acabar con las crisis del capitalismo», e incluso llamar a tal sociedad «socialista», por otro lado los marxistas-leninistas veían en esto tan solo la creación del capitalismo de Estado –propiedad colectiva de los capitalistas– frente a la abierta propiedad privada –propiedad individualizada de uno o varios capitalistas– y un intento vano de reprimir fallidamente la acción de las leyes capitalistas que por otro lado no se eliminaban y seguían operando dentro de empresas nacionalizadas, no solucionando las crisis económicas; f) teorizaban que el arte, la educación, la música, la literatura, toda la cultura en general era neutral en la sociedad capitalista-burguesa, negando la explicación marxista de que la cultura como parte de la superestructura está determinada por la base económica del Estado que es burgués, en tanto no es ni puede ser neutral; g) rehabilitaron a la religión, y concebían la posibilidad de unir la ideología socialdemócrata y la ideología religiosa y de lograr una sociedad socialista plena sin eliminar la religión, contrariamente a los marxista-leninistas que educaban a sus cuadros en el ateísmo científico, y veían incompatible el marxismo-leninismo y su materialismo-dialéctico con el idealismo-metafísica de la religión, y ligaban la cultura de la sociedad socialista al triunfo del ateísmo sobre la religión en sus miembros; h) en sus partidos no exigían unidad ideológica y de acción, dejando vía libre al eclecticismo ideológica y a las fracciones, tampoco tenían especial interés en mantener una composición social sana, ello les diferenciaba de la línea monolítica, de férrea unidad ideológica del partido marxista-leninista, y de su preocupación por agrupar a los elementos más avanzados del proletariado y del resto de clases populares que mantuvieran una ideología proletaria.

Y en el plano exterior:

(a) Anteponían los intereses nacionales a costa de los intereses internacionalistas, es decir, abandonaron el internacionalismo proletario por el socialchovinismo; b) creían que en esta época del capitalismo era posible un mejor reparto de las riquezas entre países, a diferencia de los marxistas-leninistas que concluían que en la época imperialista del capitalismo, de la monopolización, lejos de ocurrir esto, hacia más voraz a los países capitalistas imperialistas en su carrera por conquistar nuevas tierras, nuevos mercados, etc.; c) creían que la cuestión nacional y colonial era algo secundario o incluso artificial, y apoyaban las teorías chovinistas e imperialistas y de opresión nacional, frente al marxismo, que reconocía este problema y buscaba darle solución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

jueves, 8 de agosto de 2019

¿Contra la casta o aliados de la casta?; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Es necesario recuperar la memoria para reparar en la liquidez de los planteamientos políticos y en la fragilidad de los postulados ideológicos. En 'Una nueva transición' (editorial Akal 2015), un libro firmado por Pablo Iglesias, subtitulado 'materiales del año del cambio', el líder morado expresaba la siguiente opinión: 

«Un Podemos con la fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE entrar en un Gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño…nos obligaría a lo que proyectaba el diario 'El País'… sois un sustituto muy digno de IU, más listos, con más 'swing', mejor estilo, por eso con mejores resultados, pero sois una tercera fuerza política que se ubica en lo que son las terceras fuerzas políticas progresistas en Europa». (Pablo Iglesias; Una nueva transición, 2015)

Las anteriores frases se recogen en la página 115 del texto recopilatorio antes citado. Otras muchas opiniones provocarían estupor observando lo que cuatro años después de aquellas estimaciones ha ocurrido con el discurso político de Pablo Iglesias. El secretario general de Unidas Podemos ha fracasado, sin paliativos, en su gestión como dirigente de la organización. Por esa razón, en julio de 2019 pretende una vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez, ministerios para dirigentes de su partido a cambio investir presidente del Ejecutivo al secretario general del PSOE. Iglesias no ha logrado el sorpaso al PSOE, no ha «asaltado los cielos», tampoco es «una tercera fuerza política progresista» sino cuarta en el Congreso de los Diputados y lo que es aún mucho peor: Iglesias y Montero han privatizado su partido. Para poder sostener sus liderazgos mantienen una estrategia radicalmente opuesta a la que diseñaba el zamorano en 2015. La comparación entre aquellas palabras y estos comportamientos resulta escandalosa». (El Confidencial; El Iglesias anterior: «Gobernar con el PSOE nos destruiría», 28 de junio de 2019)

Esta cita es sobradamente ejemplificativa sobre la evolución de Podemos respecto al PSOE, pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de Pablo Iglesias sabrá que esto no debe de pillarnos por sorpresa. En 2013 reconocía que para él el PSOE no era su adversario político:

«En este momento traducir un discurso nos permitirían competir con nuestros verdaderos adversarios políticos, que no es el PSOE
». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Poco después, con Podemos ya formado en 2014, Pablo Iglesias aprovechó la enorme caída de popularidad del PSOE para aparentar ir contra él durante un tiempo. 

De hecho, todo el mundo sabe Podemos irrumpió en el panorama político español con unos eslóganes muy claros. Entre ellos señalaban abiertamente al bipartidismo de los partidos tradicionales del PP-PSOE, a los cuales calificaba de ser una casta política institucionalizada, culpable de los males socio-políticos de los últimos años como el desempleo, la precariedad o la corrupción endémica. 

«Está claro a qué intereses sirven gobiernos como el del PSOE o el del PP, que nos llevan al desastre. (...) Lo que está claro es que la casta política dominante, que por desgracia no son carteros de los ciudadanos, que es lo que deberían ser y no mayordomos de los bancos, forman parte del problema. (...) En nuestro país PP y PSOE cambiaron la Constitución y han votado juntos el 70% de las mociones en el Parlamento Europeo. (...) Nosotros decimos que la democracia es poder elegir otra cosa, porque nuestra casta ha demostrado que, más allá de que sean unos corruptos, además son inútiles». (Pablo Iglesias Turrión; Declaraciones a la Agencia EFE, 18 de mayo de 2014)


Aquí como vemos Podemos señalaba a estos partidos como fieles sirvientes de los intereses económicos de la oligarquía.

viernes, 6 de junio de 2014

¿Es Podemos un partido diferente a Izquierda Unida? En absoluto; Sobre el programa de las nacionalizaciones; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

Logos de Izquierda Unida y Podemos

Estos días, hemos podido observar y analizar, en uno de esos lamentables programas de «debate político» que en España se puede «disfrutar» en la televisión, como podrían ser «Al rojo vivo», «El gato al agua», etc. una entrevista realizada a Cayo Lara, máximo representante de Izquierda Unida, y sus curiosas confesiones, respecto al programa de su partido y al programa de la nueva sensación de los pseudorevolucionarios, como está siendo el partido de Podemos: 

«Entrevistador: ¿En esto [referéndum sobre la monarquía], están con Podemos?

Cayo Lara: Yo creo que Podemos está con nosotros, aunque sólo sea por razones históricas.

Entrevistador: Le he notado sensible ahí (risas).

Cayo Lara: No, no no, yo estoy contento, de que en la izquierda surja otra fuerza política, que surja más gente, y que no haya surgido por la derecha, estoy más contento en ese sentido. Porque lo fundamental es que el bipartidismo, y contra las políticas que han aplicado, contra las que nosotros hemos planteado alternativas diferentes, tienen cada vez más contestación en la calle, más contestación en las urnas, y de eso nos felicitamos. Y luego desde el punto de vista programático, con todos los respetos del mundo, nuestro programas, y el programa que ha elaborado Podemos, pues tienen una afinidad muy alta con el programas que tenemos desde Izquierda Unida, que venimos elaborando desde el principio de los tiempos.

Contertulia: ¿Le han copiado?

Entrevistador: ¿Ustedes tienen el original?

Cayo Lara: Yo no voy a decir eso, porque sería una simpleza, pero si quiero decir que hay un nivel de coincidencia muy importante, y por tanto en el sentido de dar la palabra al pueblo, que haya un referéndum, bienvenidas todas las coincidencias, y con todos aquellos y aquellas que piensen de esa manera, estaremos ahí». (Entrevista a Cayo Lara; Las mañanas, 3 de junio de 2014)

El primera instancia, diremos, que el tema del referéndum de la monarquía, lo dejaremos para otra ocasión; pero es realmente patético ver el oportunismo alcanzado por Izquierda Unida, que ahora se reclama como abanderada del republicanismo, del bando republicano de la guerra civil española, cuando su principal partido, el Partido Comunista de España, abandonó en los años 70 tal reivindicación, siguiendo los pasos del Partido Obrero Socialista Español, por tanto esa reivindicación viene 30 años tarde, pero ese es otro tema como decimos. Vamos a lo importante:

sábado, 15 de marzo de 2014

Cuando Anguita dijo que el «¿Qué hacer?» de Lenin era inservible para nuestra época; Equipo de Bitácora (M-L), 2014


«Estoy convencido de que sobre la conciencia colectiva de la ciudadanía flota una pregunta que entre 1901 y 1902 fue formulada por Lenin, ¿Qué hacer? Es obvio que las circunstancias son otras y también que la perspectiva a afrontar es más perentoria aún que aquella. Cualquier persona que use el intelecto sin una ideologización dogmática no tiene por menos que interrogarse acerca de cuál debe ser el camino a seguir para salir de esta postración económica, social, política y de valores; de esta situación de anomia.

Es indudable que toda elucubración acerca del camino a seguir está predetermina por el objetivo. Y es aquí donde radica el núcleo del debate, la separación entre la quimera y la propuesta programática concorde con el horizonte deseado. Cuando las autoridades de la troika inciden una y otra vez en la afirmación de que las "reformas" deben continuar aunque no pueda hablarse hasta ad calendas graecas de recuperación del empleo, es que el horizonte no estaba en el cumplimiento de los DDHH, la carta Social Europea o el Título I de la Constitución de 1978 sino en el cumplimiento de unos parámetros, de unos índices, de unos porcentajes, estrictamente numéricos, que en absoluto tienen que ver, en primera instancia con el problema del paro, la precariedad y la exclusión social. Y digo en primera instancia porque la recuperación económica -si la hay- será imposible o sólo se referenciará a las grandes cifras que atañen a la minoría social que está beneficiándose de la situación.

Por eso, para poder abordar la respuesta que da título al artículo, se impone cambiar las referencias, las prioridades y sobre todo no confundir fines y medios. El fin de toda política democrática es por definición el bienestar social y el cumplimiento de la justicia social. Cuando se persiste en seguir manteniendo una política económica que una y otra vez mantiene encallada a la sociedad o se cambia de rumbo o se incurre en traición a la soberanía popular». (Julio Anguita; Publicado en el El economista/Insurgente, 2014)

Sólo podemos decirte que decepcionante Julio Anguita, decepcionante pero no por ello inesperado, al fin eres parte del equipo «constructor» de esa masa ecléctica, revisionista, reformista de la izquierda burguesa institucional que conocemos bajo el nombre de Izquierda Unida –IU– en donde vegeta el también revisionista Partido Comunista Español –PCE–, heredero del carrillismo. Claro que tu discurso resulta hasta un cierto punto alentador para el lector sin formación ideológica, bien escondido en la retórica confusa, pero hay elementos que guardan esas líneas que te delatan y revelan como parte de todos los obstáculos a los que se ha de enfrentar la clase proletaria española para su organización y búsqueda del socialismo.

¿Verdaderamente crees que las circunstancias son fundamentalmente distintas a las existentes en tiempos de Lenin? ¿Crees que la naturaleza de la explotación del trabajo asalariado es cualitativamente distinta? ¿Acaso la necesidad del tipo de organización comunista que nace de tales condiciones ha cambiado? ¿Acaso insinúas que las leyes generales de construcción del socialismo determinadas por el marxismo-leninismo son un «dogma»? ¿A qué cambios te refieres como necesarios Anguita, a los que ya impusiesen Ibárruri-Carrillo y ayudaste a mantener durante tu paso por el PCE? ¿A qué resultado ha conducido al PCE esa revisión del marxismo-leninismo bajo la excusa de lucha contra el «dogmatismo stalinista»? ¿Tiene mejor salud o influencia el PCE de hoy gracias a tales revisiones ideológicas o es un cadáver andante?

El problema está en que estás organizaciones, en las que militaste, dejaron la senda del marxismo-leninismo, pues todo sabemos que el PCE perdió su espíritu combativo en la posguera con la dupla Ibárruri-Carrillo, por lo que IU nunca ha sido una organización marxista ni pretendía serlo, sino una sopa de siglas e ideologías las cuales buscaban formar parte de los órganos de legitimación del sistema burgués, no por su presencia en ellas –no somos anarquistas–, sino por su discurso y actuación. Desde ese momento –ya sin ninguna máscara– vuestros fines son completamente distintos a los del proletariado y demás capas explotadas, y lo hicisteis para alcanzar vuestras «metas» que ya no eran el socialismo en sentido marxista-leninista, de ahí que los métodos empleados también resulten en un oportunismo atroz, métodos que ya forman parte de los mecanismo empleados por la dictadura de la burguesía para mantener aisladas a las masas.

Y hacia el final de tus líneas se muestra en todo su esplendor tu esencia revisionista, dices:

«El fin de toda política democrática es por definición el bienestar social y el cumplimiento de la justicia social». (Julio Anguita; Artículo: ¿Qué hacer?, 2014)

Aquí profesor, déjenos decirle que como comunista, y teniendo en cuenta a sus oyentes, debería de no jugar con las palabras democracia, justicia social, etc. Porque recordemos que hay varios conceptos y sobre todos prácticas de «democracia» y «justicia social» según el modelo. Por lo tanto si se llama comunista no hable de la democracia poniendo como modelo «democrático» al actual Estado –que tú como heredero del eurocomunismo piensa que necesita tan sólo unos retoques–, ya que su política, es mantener sojuzgada a las clases dominadas, y en este caso, la democracia burguesa es un mecanismo de dominación que garantiza que la explotación y todos los males inherentes al capitalismo se perpetúen para beneficio de unos pocos, por lo tanto, hablar de justicia social en un sistema así es incongruente. Esa esencia de clase de la democracia burguesa no puede ser ocultada por ninguno de vosotros, los que pretendéis ubicar al Estado por encima de las clases sociales. Y ya que se alude a Lenin entre su verborrea, tendría que saberse ese principio fundamental del pensamiento marxista-leninista, salvo que la alusión solo sea para bastardear su pensamiento. 

Que el lector no olvide: se puede actuar todo lo que se quiera dentro de la institucionalidad burguesa, los líderes de la izquierda domesticada pueden declarar cada cierto tiempo la conformación de «frentes de la izquierda» en aras de la supuesta «unidad» –aunque luego reine la confusión ideológica entre ellos y se apuñalen a las primeras de cambio–; se puede denunciar la corrupción del sistema –mientras se oculta la del partido y aliados–; se puede jugar a la filantropía e incluso donar «pensiones» para los «pobres» –como acostumbra el señor Anguita–: se puede hablar como un humanista «por encima de las ideologías», pero eso no acabará con los efectos que denuncian del sistema, y eso lo saben estas mismas personalidades. Solo un partido de vanguardia proletaria guiado por el marxismo-leninismo eliminará para siempre las contradicciones que genera todo lo que emana de negativo de la dictadura de la burguesía bajo las relaciones capital-trabajo. Y eso está claro que el PCE no lo va a cumplir, porque ni está ni se le espera para tal fin. Gente como Anguita puede seguir presentando la «vía reformista» como la opción cabal para los trabajadores, pero no existe prueba ni experiencia histórica que abale tal cosa. Ningún partido bajo tales lineamientos ha logrado una transformación radical del capitalismo. La confirmación del fracaso de esta estrategia se puede constatar con la historia del propio PCE: en el momento en que se apartó de la línea revolucionaria de la época de José Díaz en 1942, perdió toda su popularidad, desde entonces solo ha languidecido, y hoy no solo no asusta al enemigo de clase, sino que hasta partes de él lo usan como peón en el tablero de la política española institucional». (Equipo de Bitácora (M-L); Cuando Anguita dijo que el «¿Qué hacer?» de Lenin era inservible para nuestra época, 2014)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[Nota de 2020: Véase el apoyo de Julio Anguita al fenómeno de Podemos y su líder Pablo Iglesias, calificando sus tácticas oportunistas de leninista: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.]